miércoles, 7 de octubre de 2026

Suetercito.

Así le dice ella. Es su Suetercito. 

Todo él es blanquito. Su pelo, su piel, su sonrisa. 

Es un caballero, un dulce, y casi no oye.

Dicen que es enojón. Con ella no. A ella la cuida, la abraza suavecito como quien no quiere mallugar un mango. Hablan por horas. Del clima, de los árboles, de su historia. Lloran a veces, poquito, entre risas. 

Ella lo ama. Según la gente, los mejores amigos se cuentan con los dedos de una mano. Según Katrina Pepina, los hombres de su corazón son menos, y él está en el club.  

No se calla, no se calla cuando lo ve. Él la mira con esa sonrisa paciente de aquél que se sabe atrapado en una cama de hospital con horas infinitas adelante y una dicharachera por compañía. Pobre. Lo tenían en ayuno. Ella se solidarizó y ahí estaban, hablando de toda la comida deliciosa del mundo. Del olor de las guayabas. De aquel atún estropajoso que comieron un día. De los tacos de lengua y moronga. De cuando caminaban sin caer.

Reían mucho y de repente, se nos iba. Anonadada al celular - horrible mal de estos tiempos,- la muchacha se entiesaba y ya no tenía tanto chiste. 

Anhelante de ubicuidad, Katrina Pepina estaba ahí, pero también allá. Repartida en pedazos, su mente divagaba entre espacios y voces. Pendientes y olores. 

Él, pacientemente, la esperaba. Cerraba los ojos, ganaba el silencio. Silencio sabroso, seguro, tibio. Y Katrina Pepina, con dolor de panza y un poquito de espalda, descansaba, soñaba despierta.

Nadie sabría decir con certeza quién cuidó a quién. Pero los dos salieron de ahí con prisas, con hambre, con sueño, con gratitud. 


jueves, 5 de febrero de 2026

El mapache

​Escrito el 30 de marzo de 2025

Una niña caminaba por el parque, cuando encontró un mapache.

Parecía bonito, incluso tierno y gracioso.

Tenía ojeras y era peludito.

Quiso que fuera suyo.


  • No es posible, le decía una voz. Ese mapache no puede darte lo que buscas.


De todos modos lo intentó.

Ella dijo que él entendía, que sí podía dar cariño, que aprendía.

También rompía cosas, la rasguñaba, la mordía. 

Esperaba que con el tiempo su instinto de mapache se fuera, y entendiera que se podía ser un mapache querido, cuidado y domesticado.

No fue así.

Porque los mapaches no son perros, ni gatos. Son mapaches, y aunque sean lindos, son violentos, rompen cosas y les gusta la basura. 

viernes, 20 de junio de 2025

Microcuento

Estaban acostadas. La niña dormía. Katrina Pepina, acariciando su espalda, le leía un cuento. Ella siempre los escucha primero.

Llegó él. Le sonrió. La tomó en brazos, porque es muy fuerte, aunque nadie lo sepa. Le contó chistes y la hizo reír.

La amaba.