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jueves, 5 de febrero de 2026

El mapache

​Escrito el 30 de marzo de 2025

Una niña caminaba por el parque, cuando encontró un mapache.

Parecía bonito, incluso tierno y gracioso.

Tenía ojeras y era peludito.

Quiso que fuera suyo.


  • No es posible, le decía una voz. Ese mapache no puede darte lo que buscas.


De todos modos lo intentó.

Ella dijo que él entendía, que sí podía dar cariño, que aprendía.

También rompía cosas, la rasguñaba, la mordía. 

Esperaba que con el tiempo su instinto de mapache se fuera, y entendiera que se podía ser un mapache querido, cuidado y domesticado.

No fue así.

Porque los mapaches no son perros, ni gatos. Son mapaches, y aunque sean lindos, son violentos, rompen cosas y les gusta la basura. 

sábado, 31 de agosto de 2019

Vida perfecta

Katrina Pepina cambia.

Diariamente, súbitamente, cambia.

Se ve diferente. Sonríe diferente.

Hay personas que le dicen que se ve preciosa, brillante. Y luego la revisan bien y su mirada es triste, profunda, perdida.

Lo tiene todo.

Familia completa, un caniche bonito, casa, pelos largos, dientes derechos, trabajo seguro, vive de lo que ama, una niña profundamente brillante, agradabilidad a la vista, apoyo incondicional, mejor amiga cercana, cumplidos recurrentes, música preciosa, salud relativamente estable, ropa chiquita, confidentes confiables, hermanos exitosos y plenos, una pareja que la respeta y, a su modo, la ama.

A uno siempre le falta algo para ser feliz, por más que le insistan en que lo que hay debe ser suficiente.
Probablemente lo que a ella le falta, o cree que así es, es un cochecito para andar y el valor para manejarlo. Y obviamente, y más profunda que cualquier carencia, Má.

Son muy poquitas cosas las que siente que quisiera.

La ropa no llena, los gadgets sirven, pero no nutren tanto como quisiera; la comida llega hasta el cuello pero no abraza, aún así, el corazón. El mundo la ve. Pero sólo la ve, no la observa. Aprecian su aspecto, su sonrisa, la piel que se asoma, la juventud. No tiene paciencia para el caniche, no hay tiempo para hacer de la casa un hogar. Los pelos caen, sometidos al estrés diario de hacer lo que se ama para vivir pero no siempre con ganas y siempre, eso sí, con sueño. Ahora vive con el miedo constante de que los dientes se vuelvan a torcer. Con la incertidumbre de cuanto tiempo más, su cuerpo resistirá el cansancio antes de colapsar. Cuida a su hija, pero con la mente lejos. Se aferra a algo que posiblemente está por apagarse, para no volver a ser huérfana otra vez.

La terapia le recuerda constantemente que ya no es una niña. Que es una mujer relativamente libre que a esta edad debiera conocerse suficiente como para amarse y defenderse. Como si no fuera suficiente todo lo que le ronda en la cabeza.

Corre, literalmente. De todo y de todos. Con bromas se queja de la proximidad de los suyos pero en la soledad llora porque se cansó de ser su única compañía.

¿Cómo? Se pregunta. ¿Cómo hizo aquellos tiempos oscuros y tormentosos para ser feliz? Porqué a pesar de todo, los recuerda felices. Hospital tras hospital. Agujas y comida de la calle, siestas en el piso, hermanos solitos, lagrimas por montones.

Idealización del pasado, le dicen.
Cachetadas del presente.
Inconsistencia del futuro.

Una vez más, con vida casi perfecta, la gratitud se desvanece. Crecen las expectativas y el camino por delante se ve muy incierto. Terrorífico. Emocionante.

-Ahí voy, otra vez. ¿A dónde? No sé. Acompañenme, pero no se acerquen mucho, que me hostigan...

domingo, 17 de marzo de 2019

Adornitos y apariencias.

Las personas, indistintamente, cambian día con día. A veces es su cabello, otras, su manera de ver la vida. De repente despiertan un día y simplemente, ya no son lo que solían ser.
Cuando, al amanecer cotidiano, se miren en el espejo, posiblemente no lo noten. Seguro no miraron bien. Siempre a prisa, con la cabeza lejos, con los ojos del corazón cerrados, haciendo guiños, apretaditos y contenidos los párpados, los individuos son incapaces de percatarse de sus propias evoluciones.
Caso aparte en la interacción social. La gente siempre está mirando a la otra gente. Le escuchan. Le rondan. Descubren en el tono de voz la diferencia, el contexto, suponen, se atoran deduciendo cosas que no están capacitados para deducir.
Así le pasa a Katrina Pepina. Así le pasó otra vez. De un profundo cariño y aprecio, de repente le llegó una decepción. De sus propias expectativas, obviamente.
Esque esta señora adorna a las personas como se adorna un arbolito de navidad: les va colgando amasijos, adornitos, escarolas y virtudes virtuales. La pobre gente, ni cuenta. Y ella, viendo muy orgullosa el concepto creado por su torcida mente con respecto al tercero.
Y de repente, cual perro recién bañado, el personaje de estudio decide sacudirse al carajo todo lo que trae colgado.
-¡No te lo quites, te luce bonito! - Le grita Katrina Pepina en su desesperación. No quiere verlos de verdad. Como son. Es más fácil negar viendo, que vivir sabiendo lo que tiene cerca, diario, por buen rato.
Pero ahí está. El lado oscuro del ser. Como una pasta dental apachurrada que muestra inevitablemente su contenido. Innegable. Ni cómo decir que no es...
¿Qué hará nuestra decoradora? ¿Aceptar el pino seco, apreciarle por las pocas ramas verdes? ¿Alejarse antes de que una rama filosa intente sacarle un ojo? No. Quiere volver a colgarle todo. Sabe que es imposible. Que es caso perdido. Y llora. Profunda y amargamente, ante cada vez que la esfera cae. Insiste. Se cansa. Se conmisera. Se cuestiona y hasta quiere preguntarle al árbol, porque no quiere lo que ella le acomoda.
Pero el árbol es así. Y no está en su naturaleza querer estar adornado de cachivaches, sólo por darle gusto a ella. Es, y ya.
¿Cuánto? ¿Cuánto tiempo tardará para rendirse? Alguien digale que está bien rendirse a veces. Que si no le gusta la verdad, no necesita quedarse. Jálenle el cabello. Llévensela lejos. Amarrada si es necesario. Hasta que por fin entienda que hay cosas que sólo son, y ya.
- La estrellita se rompió, pero le voy a hacer un moño - se oye decir a nuestra boba, desesperada, patética negadora.

jueves, 28 de diciembre de 2017

De trapos y servilletas

A finales del año decide Katrina Pepina dejar por aquí unas letritas, para que no se dé todo por perdido. Involuntariamente el año se ha vuelto lucrativo.

- La vida es un trapito. - Se oye decir a la filósofa. - Imagina, llegas a este mundo con un trapito en la mano y otros muchos trapos, de la misma tela, en la otra. Conforme vas relacionándote con otras personas, intercambian trapitos, y los obtenidos los vas cosiendo a tu trozo. Se convierte en una servilleta, una cortina, ¡una lonota! Como esas cobijas hechas de cuadritos de tela, diferentes. Así se va formando nuestro carácter, forjando nuestra historia. Algunos trozos son grandes. Otros son apenas perceptibles. Unos raídos de tanto acariciar, y otros rasposos que nos dieron lecciones. No es mi idea, la leí por ahí. Pero así me la imagino.

Mientras describe su concepto, recuerda las personas que han dejado sus trocitos de tela con ella. Los que siguen aquí, después de tantos años: Escorbuto, más dulce y cansado que nunca, menos soñador pero mas valiente; Caramelita, quien se ha convertido en la Señorita Caramelo y es ruda por fuera pero con un interior sumamente esponjosito, como esas ramitas secas que hay en el campo; Refus, infaltable a pesar de la distancia, productivo e independiente; Chico Gruños, adorable padre de tres retoños; El Joven de la Cola Larga, ya no tan joven pero más sabio y más feliz. Le es inevitable pensar en aquellos que se fueron para no volver, al menos en un futuro inmediato: El Primo Gringo, orgulloso de sí mismo y amante de las fiestas y los viajes; Klink, ex amigo de repente después de enamorarse; el desconocido Jefe, quien nadie por aquí conoce pero era importante para la vida laboral de nuestra susodicha hasta que decidió que no era tan digna de su honorable amistad; Diógenes, a quien da gusto saludar pero con quien los caminos cada vez se encuentran menos; el Chabacano Impoluto, personaje profundamente querido, pero en un planeta donde al parecer la amistad -de Katrina Pepina nomás- no es ni necesaria ni permitida. Mención aparte para aquellos que no esperan volver ni en el futuro inmediato, ni nunca: Má, con alitas blancas y vestido amplio que disimula sus piernas delgadas, hermosa y radiante, o abono de plantas; Champi, compañero fiel hasta el día de su trágica y dolorosa partida.

- Ellos y más, dejando sus hebras por mi servilleta, sus trapitos a cambio. Inevitable quererles, estimarles y hasta odiarles tantito por haberse ido. Pero así es la vida. Caminito andando.

Encontró también nuevas personas que le han dado más sentido a su vida, un nuevo enfoque. Siendo la más importante la dulce Cachetina, tierna, valiente y berrinchuda. Con ella espera, de todo corazón, pasar el resto de su vida, dándole sus mejores trapos, los que más abrigan, los que la hagan feliz.

- Su trapito es mi favorito.

Hoy decide, antes de finalizar el año, dejar ir a los que se fueron. Darles avión. Recordarlos con cariño, pero también con distancia, para que no calen. Así puede hacer cachito para los que vengan, para que haya dónde sentarse.

martes, 21 de diciembre de 2010

En gringolandia...

El Joven de la Cola Larga se fué de pinta. Atravesó una gran extensión de tierra para llegar al estadio de la Catsup más rica.

Estaba totalmente anonadado. Extasiado. Por fín, después de sentirse como un extraño en tierra de nadie - a excepción de unos cuantos insulsos- por fín estaba en su planeta. Entre monos que hablaban como él y que ¡podían entender lo que decía!

No dudó ni un momento en meterse entre la bola de salvajes vestidos de vivos negros con amarillo. (Aquí hago un paréntesis para preguntar, ¿Alguien ha visto un vivo negro?¿Saben distinguirlo de un muerto negro? Ash, las mujeres y sus colores; se oye decir por ahí.)

El caso es que durante todo el partido se embriagó, gritó y hasta les enseñó unas porrillas de esas que canta él en el soccer. Ya saben, la clásica de "yo si le voy le voy a..." Los gringuetes se veían simpaticones pelando los ojos ante semejante greñudo que se desgastaba el galillo.

Hasta ahí todo bien. Pero resulta que nuestro susodicho, después de cinco cervezas, dos jotdots y tres litros de agua decidió acudir a hacerle espacio a la chela que acababa de adquirir. Sin embargo, el Joven de la Cola Larga se perdió. Se perdió y bien perdido. Sus amigotes lo buscaban afanosamente, hasta que en la pantalla superior se enfocó a un fulano que corria como loco con rollos de papel de baño por toda la cancha. Fué todo un espectáculo. Amenazaba efusivamente con hacer ahí mismo si alguien no le indicaba donde estaba su jugador favorito, un tal Troy Polamalu.
 
Fué tacleado varias veces y pellizcado otras tantas. Pero no renunció. Hasta que la estrella mencionada cedió a tomarse una foto con él con tal de que dejara continuar el juego. Después de esto, fué echado a las afueras del estadio con su foto y dos rollos gratis de papel. ¿Qué más podía pedir?
 
He aquí la evidencia de este suceso. Será guardado como un recuerdo feliz para uno y como el colado de los rollos para muchos, pero eso es lo de menos.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Esta es la historia de un chabacano...

Desde pequeño vivía soñando con tripas y firmas. No sabía que quería decir tan confuso sueño, y decidió investigar...

Empezó a pensar seriamente en ser taquero de tripitas, de esas que se piden o suaves o doraditas, así que compró dos kilos en la carnicería y con esmero se puso a cocerlas en un cazo. Sin embargo, al tratar de hacerse un taco descubrió que la cebolla lo hacía llorar demasiado, así que lo dejó por la paz.

El sueño era recurrente, papeles, visceras y una linda pluma brillante.

Después decidió hacerse famoso. ¡Tal vez eso significaba su sueño! Fimas de autógrafos, de discos. ¡Si, eso era! ¡No podía fallar esta vez!

Se puso unos pantalones muy apretados, su suéter roto de rockstar, como el de los niños galanazos de la tv, y salió en busca de algo que lo ayudase a cumplir su objetivo.

Pero no pudo. No lo llenaba. Toda esa gente con la que convivía estaba hueca, en lugar de frutilupis tenía papel de baño usado, y el corazón se les estaba asfixiando debajo de almohadas de silicón.

Volvió a casa confundido, y soñó de nuevo...

Hace tiempo ya de todo eso. Años quizá. Hoy ese chabacano duerme tranquilo, con la paz que sólo da una noche sin sueños.

¿Que si descubrió ya su respuesta? No lo sé. Pero espero que así sea.

Un día despertó tan lúcido que al momento salió de casa, estudió, leyó y vivió. Y se convirtió en Matasanos.
Ahora ha de firmar recetas al pormayor con su plumita brillante, cargará con historiales y experiencia, y ha de ver más entrañas de las que veremos tú y yo en nuestra vida.

Felicidades Chabacano Impoluto. Un sueño duerme ahora y despiertan muchos más. Ya después sabremos como continúa tu historia...

lunes, 13 de diciembre de 2010

De dientes y parientes.

Katrina Pepina, muy a pesar de sus arruguitas debajo de los ojos y esos kilillos de más que cargan sus pies, se siente jovencita. Un retoñito dicen por ahí.

Sin embargo, cada día es más conciente de cómo el tiempo pasa y las cosas se transforman, de cómo la vida se va rápido. Un día estaba aprendiendo a escribir su nombre, luego se sorprende con un tambor a cuestas y hoy que se mira al espejo descubre a una completa extraña.

Observa detenidamente a su alrededor y nota también los cambios en quienes viven con ella -o sin ella-. Ha visto nacer y crecer a los frutos del amor de sus amigos más queridos. Ahí están Pequeño -el nuevo ahijado de Katrina Pepina- con sus tres añotes a cuestas, Más Pequeño quien ya cumple dos años pronto y tiene un léxico de camionero, el nene de Suit Flauer al que espera conocer pronto, y el joven Chao-Lin, con esos ojitos sin cejas pero cabellera abundante.
 
Katrina Pepina se encuentra cada vez mas convencida de que todo cuanto existe se desenvuelve en círculos, empieza, recorre, se cierra. Y lo que no se cierra bien tiende a repetirse hasta aprender la lección.
 
En días pasados tuvo la suerte de ver de nuevo a Gonzalita, la chachalaca, que ya tenía días sin asomar molleja. Le dió gusto verla de nuevo, pero le dió más gusto el conocer a los nuevos siete integrantes de la familia. Cinco pollitos amarillos y dos cafés. Sabe lo mucho que Má trató de evitar que Gonzalita empollara por el venidero frío y porque "no hay dinero" pa' darle de comer a tanta gente. Ahora sabemos que eso a la señora chachalaca le tiene sin cuidado. Que a ella el frío y lo que venga le hacen lo que el viento a Juárez. Anda corriendo por aquí y por allá con su desfile de criaturas piantes a todas horas.
 
A su servidora le da mucho gusto y susto ver las maravillas de Mamá Tierra. Y hoy agradece de manera especial a esos amigos suyos que, a pesar de no ser hermanos de sangre, incitan a sus peques a que la llamen tía, madrina. Son títulos muy bonitos que espera desempeñar como se deben. Con dulces, caballos de juguete y chetos anaranjados.

sábado, 9 de octubre de 2010

Trascendencia

Ruido, ruido, golpe, silencio.
Ruido, golpe, silencio, golpe.

Katrina Pepina observa interesada a Escorbuto mientras toca la batería. Lo ve luchar contra natura. Está sorprendida de la manera en la cual debe educar a su cuerpo para desconectar sus extremidades. Tres golpes con una mano, una ritmo con otra, dos con un pie y cuatro
hi-hatazos con el otro.

No entiende como cada parte puede hacer algo distinto. Dicen que eso se llama coordinación, pero ella se siente coordinada cuando levanta los brazos a un tiempo, cuando aplaude, cuando salta.

Sim embargo, el sonido es tan grato, el ritmo y la cadencia son tales, que dan ganas de bailar.

Y es ahí cuando Katrina Pepina aprende una valiosa lección: cuando queremos conseguir algo realmente trascendente, luchamos contra nosotros mismos y contra todas esas leyes y reglas que nos limitan; entonces el resultado es extraordinario.

-Un abrazo a todos ustedes, los que han decidido ser como la abejita, la que no sabía que no podía volar. Es un orgullo para mí verlos en el aire.

jueves, 26 de agosto de 2010

abc

Katrina Pepina tiene unas grandes amigas. Las letras.
Les encanta jugar juntas a cada rato. Katrina Pepina las toma de la mano y se las lleva corriendo por el cerro, brinca que  brinca. Piedra tras piedra. Las menea y las forma de un lado y luego del otro y las pone de cabeza.
Cada día amanece distinto y ellas juegan a formarse de todas maneras sin decir nada.
Son como la colita de un papalote, suaves, flexibles, eternas.
Ella sabe que siempre le han de acompañar. Son como su Sancho Panza, escuderas fieles en un burrito de planchar.

Juegan a hablar sin decir nada:
-El consorcio ominioso de la ternura idolatrada con el aspecto de la concepción eterna de los placeres banales y la inconclusa esperanza de la reticente acera dulce en un tierno nocturno cantado a pleno sol...

Y luego, se miran unas a otras y ¡sueltan la carcajada!

Todos esperan ser distintos, distintos y únicos de a deveras. Pero hay mil pintores buenos, cientos de poetas, gimnastas y bailarinas desconocidos pero eternos.
Entonces, ¿cómo puedo saber cuál es la característica que de verdad me hace totalmente distinta y especial?

-Yo juraría que son esos bigotes verdes que no cualquiera tiene...

Pero más allá del transporte físico que me acarrea, que me arrastra literalmente cuando enfermo, hay algo adentro, en la panza, o a lo mejor en la tripa flaca, que me hace diferente.

Qué maravillosa y sabia creación la que me acomodó aquí, que ciclo más perfecto el que te puso a mi lado.

Y mientras vivo y mientras muero, espero que esas fieles amigas llenas de jugo me sigan salpicando la cabeza y sigan llegando a mí como puedan, chuecas, mal acomodadas, pero siempre aquí.

miércoles, 28 de julio de 2010

Entre warros y arrabal...

Un sabio albañil dijo una vez: "Cuando se entrega el corazón se desfachata el cuerpo".

Katrina Pepina anda haciendo nuevos amigos. Aumentando su lista de personas para enviar tarjetas de navidad. Espera que de esa manera le lleguen más. Porque el catorce de febrero pasado nomás le llegó una cartita, ¡de su tía!

¿Cuánta gente se pone gorda, y vieja, cuando decide que ha encontrado la tuerca, -o el tornillo- de sus sueños?
Y descuida los amigos, la familia, se le muere el perro, o de a tiro se le olvida lavar los trastes hasta que en su casa parece que se está grabando la película esa de "El Departamento de Joe". (Dícese de la peli donde un tipo vive en común acuerdo con un montón de cucas muy cotorras).

Eso no ha sucedido con Klink, Diógenes y Natolio.

Se conocen desde que eran Klinkito, Diogenesíto y Natolito (como que se me antojó un atolito...), hasta el biberón se compartían. Y a pesar de que encontraron a los pellejos de sus sueños - hablando de la amistad eterna - no se ponen viejos y no se dejan engordar.

Klink suelta unos albures que le salen natos.
A Diógenes le deberían poner la canción de "Negrito Sandía..." por aquello de las groserías...
Lo cierto es que hay pocas personas en las que las malas palabras suenan tan buenas, y Diógenes es una de ellas.
Natolio tiene tantos agujeros como un queso Gruyére. Y es buenísimo para organizar pachangas.

Mientas tanto, Katrina Pepina se entretiene mucho conociendo a esos viejos conocidos que conocía pero que no les hablaba.

Una filosofadera que sueltan. Les hace falta otra lengua pa' poder echar la sopa con mas vuelo.

Hasta ahora se ha divertido. Y ha aprendido mucho. Espera seguir asistiendo a sus fiestas y escuchando su radio (www.dtpradio.com y no es comercial). Y espera poder volver a platicar con la Má de Natolio de una manera tan entretenida.

Katrina Pepina los ve y recuerda sus tiempos de chiclosidad. De cuando mandó a volar a Escorbuto con La Coloidal a un lado. Cuando iba de vacaciones con La Misteriosa Chica del Nombre Muy Largo y Suit Flauer, y se ponían chulas pa ir a comprar tortillas.

-Ah, pero que divertidas aquellas. Aunque éstas no están nada mal, nada mal....