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jueves, 5 de febrero de 2026

El mapache

​Escrito el 30 de marzo de 2025

Una niña caminaba por el parque, cuando encontró un mapache.

Parecía bonito, incluso tierno y gracioso.

Tenía ojeras y era peludito.

Quiso que fuera suyo.


  • No es posible, le decía una voz. Ese mapache no puede darte lo que buscas.


De todos modos lo intentó.

Ella dijo que él entendía, que sí podía dar cariño, que aprendía.

También rompía cosas, la rasguñaba, la mordía. 

Esperaba que con el tiempo su instinto de mapache se fuera, y entendiera que se podía ser un mapache querido, cuidado y domesticado.

No fue así.

Porque los mapaches no son perros, ni gatos. Son mapaches, y aunque sean lindos, son violentos, rompen cosas y les gusta la basura. 

viernes, 20 de marzo de 2020

Tus manos


Me tocan, me calman, sedan mis miedos, arrullan mis sueños.
Me aman despacio, me sonríen, me tientan.
Tus brazos.
Son el oasis que me acoge después del naufragio. El sitio de mi paz.
Tu boca.
Sonríe, me besa, me habla.
Tus besos son postre de durazno y leche. Tibios, dulces, suaves.
¡Y la forma en que me miras!
Nuestras palabras y promesas echadas al viento, en tus brazos se vuelven realidad, al menos por un momento. 

Personas

Personas.
Personas adultas.
Personas que aman, se entregan, que sienten.
Luego asustados, se van. Escapan.
Huyen de sentir, de querer, de decir la verdad.
Sustituyen.
Callan sus miedos entre piel y cuentos.
Lloran en secreto.
Llenan sus vacíos de otros. Los comen.
Y si eso significa madurar,
No quiero dejar de ser niño.
Nunca.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Un año, un día.

Nota: Ésta carta fue escrita el 19 de febrero de 2017.
Dulce hija mía: hoy hace un año y un día que nos conocimos.
Gracias por existir, es lo primero que viene a mi mente al pensar en qué decir. Te amamos profundamente y no hay tiempo más feliz que éste que hemos pasado junto a ti.
Quiero contarte cómo pasamos tu cumpleaños: despertaste y tu papi, tía y yo te cantamos las mañanitas. Nos miraste asombrada y tus ojos nos decían que no comprendías. Desayunaste un taco de requesón y frijolitos (tu comida favorita por estos días), mientras yo batía betún y papi compraba tu piñata y otras cosas.
Te pusimos un vestido con tutú, tus mallas rosas y un pequeño tocado verde. Te veías adorable.
Compramos pizza con el dinero de tu bote - una botella de plástico en la que durante un año depositamos monedas y billetes especialmente para tu cumpleaños-, y papá la recogió junto con tu pastel.
Fuimos a casa de abuelita.
Comimos y dormiste tu siesta. Al despertar, te cantamos las mañanitas todos juntos y soplaste tu velita. Partiste el pastel y abuelita te llenó la nariz de betún. Quiero que sepas que nada te hizo tan feliz como pegarle a tu piñata. Gritabas y sonreías.
Abriste tus regalos, una camiseta que tu tía Coco mando hacer para ti y un robot que mamá escogió y que al parecer no es tan emocionante como ella creía. Ya sabes subir las escaleras gateando y cada día estás más cerca de caminar.
Tus palabras de estos días son agua, leche, zapato, coco, gua gua.
Feliz cumpleaños vida mía. Feliz cumpleaños a mi por tener la fortuna de tenerte. Feliz primer cumpleaños de todos los de tu vida. Te amo.

domingo, 17 de marzo de 2019

Adornitos y apariencias.

Las personas, indistintamente, cambian día con día. A veces es su cabello, otras, su manera de ver la vida. De repente despiertan un día y simplemente, ya no son lo que solían ser.
Cuando, al amanecer cotidiano, se miren en el espejo, posiblemente no lo noten. Seguro no miraron bien. Siempre a prisa, con la cabeza lejos, con los ojos del corazón cerrados, haciendo guiños, apretaditos y contenidos los párpados, los individuos son incapaces de percatarse de sus propias evoluciones.
Caso aparte en la interacción social. La gente siempre está mirando a la otra gente. Le escuchan. Le rondan. Descubren en el tono de voz la diferencia, el contexto, suponen, se atoran deduciendo cosas que no están capacitados para deducir.
Así le pasa a Katrina Pepina. Así le pasó otra vez. De un profundo cariño y aprecio, de repente le llegó una decepción. De sus propias expectativas, obviamente.
Esque esta señora adorna a las personas como se adorna un arbolito de navidad: les va colgando amasijos, adornitos, escarolas y virtudes virtuales. La pobre gente, ni cuenta. Y ella, viendo muy orgullosa el concepto creado por su torcida mente con respecto al tercero.
Y de repente, cual perro recién bañado, el personaje de estudio decide sacudirse al carajo todo lo que trae colgado.
-¡No te lo quites, te luce bonito! - Le grita Katrina Pepina en su desesperación. No quiere verlos de verdad. Como son. Es más fácil negar viendo, que vivir sabiendo lo que tiene cerca, diario, por buen rato.
Pero ahí está. El lado oscuro del ser. Como una pasta dental apachurrada que muestra inevitablemente su contenido. Innegable. Ni cómo decir que no es...
¿Qué hará nuestra decoradora? ¿Aceptar el pino seco, apreciarle por las pocas ramas verdes? ¿Alejarse antes de que una rama filosa intente sacarle un ojo? No. Quiere volver a colgarle todo. Sabe que es imposible. Que es caso perdido. Y llora. Profunda y amargamente, ante cada vez que la esfera cae. Insiste. Se cansa. Se conmisera. Se cuestiona y hasta quiere preguntarle al árbol, porque no quiere lo que ella le acomoda.
Pero el árbol es así. Y no está en su naturaleza querer estar adornado de cachivaches, sólo por darle gusto a ella. Es, y ya.
¿Cuánto? ¿Cuánto tiempo tardará para rendirse? Alguien digale que está bien rendirse a veces. Que si no le gusta la verdad, no necesita quedarse. Jálenle el cabello. Llévensela lejos. Amarrada si es necesario. Hasta que por fin entienda que hay cosas que sólo son, y ya.
- La estrellita se rompió, pero le voy a hacer un moño - se oye decir a nuestra boba, desesperada, patética negadora.