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miércoles, 18 de septiembre de 2019

De días y noches.

Lloró. Lloró amargamente porque la soledad la rondaba. Se burlaba. Brazos la rodeaban. ¿Porque entonces, no la querían? ¿Porqué preferían el sueño, la comida, la calle, el tabaco, que a ella?

Me voy, vete. Mejor así. Tengo sueño. Los compromisos, las responsabilidades. Los miedos. Hasta mañana. Dos paredes separando lo que se supone que sólo Dios podría separar.

Frío de madrugada. Sueño sin paz. Sin ganas. Sin cansancio.

La miran, mira. Te miran. Atención escueta. Siembras todo el día y no cosechas nada. Y buscas pelea. Canalizar la ira. Si al menos le interesara pelear. Habría algo que reconciliar. Algo porqué golpear, morder. Descargar.

Pero no. No funciona. No importa. No sirve. Sólo esa tibieza horrenda que ni sonríe ni odia. Sólo la indiferencia y el engaño aparente tras la cordialidad.

Lagrimas corren por las comisuras. Llegan a la almohada. Esperan lo que nunca pasa. Lo que a nadie le importa. El abrazo que no existe. La caricia en la espalda. El beso en la frente. Pero no hay. Nada de eso hay.

Apaga la luz. Se dispone a dormir. Y para morir, un día menos ya.

viernes, 15 de marzo de 2019

Voces

De día. De noche. Aparecen de madrugada, a veces como bálsamo, otras tantas como cuchillo: herramienta útil, insustituible, de habilidades profundas; destructor, punzante, veneno convertido en objeto.

Inevitablemente la persiguen. La rondan. Dulces e involuntarias. Calmantes, dadoras de paz, abrazos a distancia. Patadas ebrias, indiferentes, caducas.

Katrina Pepina anda por la vida tratando de pisar en lo parejo, y llegan. La estremecen. No sabe cuántas son, de dónde vienen. No quiere saber.
¿Será ella una más de todas? Seguramente. En el día, las deja ser, fluir. Las ignora o las defiende. Aunque nunca sabe lo que dicen. Por la noche, entre sueños, las abraza, les sonríe, las entreteje. Las empuja y luego las llora. Constantemente.

Dicen muchas cosas. El clima, la vida, lo cotidiano, el sol. Y más allá, en su corazón, le dicen lo que espera oír. Le hablan, lejos del contenido, de sí misma. De sus miedos y enojos. De sus penas y flores. De lo efímero de su vida.

Hay días que anhela el silencio. Que espera pacientemente hasta que desaparecen. Otros, las quiere ahí, cerquita. Y al final, en la oscuridad y el vacío, se percata de la paz, de lo obtuso del mundo, de la infinita y profunda soledad.

- ¿Cuánto durarán? ¿A dónde van? ¿Me llevan con ellas como las dejo yo conmigo? - Tal vez nunca lo sepa, pero sabe, espera, el día siguiente para escuchar qué traerán.

sábado, 2 de marzo de 2019

De la soledad

Katrina Pepina tiene muchas ocupaciones.

La sociedad espera de ella que cumpla apropiadamente con los roles que, según la era, el feminismo, los movimientos telúricos y los vecinos, son la combinación perfecta para la felicidad.

Cada dia es mujer, madre, esposa a medias - por aquello de la distancia - , empleada, empresaria, mujer del hogar, vecina, la loca que viste raro, y algunas cosas más.

Entre todo eso, cuando la pequeña Cachetina no está - bien sabido es que es el amor de su vida y de su muerte y su otra vida - y el trabajo termina, después de horas incansables, de repente, con la casa toda tirada, aparece el silencio.

La soledad. La ausencia de presencia, decía la prota muy "sabiamente".

Pero, ¿que viene con ella?

La paz. La calma. La consciencia del yo. Del ahora. La melancolía. La verdad.

El uno a uno, que inexorablemente, nos confronta y nos escupe. La certeza de lo inefable de la vida.

¿ Quien soy? ¿Donde estoy? ¿ Porque aquí? ¿ Porqué yo? Se pregunta caminando por la calle con rumbo a la tienda.

En la soledad, se percibe lo breve de la existencia. Los miedos mas ocultos. La realidad escondida detrás de filtros, palabras elogiosas, sonidos estridentes, y vidas sintéticas.

Y se siente miedo. Se contempla el paso del tiempo, el que no juzga, pero no perdona.

Eso piensa Katrina Pepina mientras camina con una botella de lo que completó. Para, al llegar a casa, en sus silencios, acompañada de otra realidad completamente ficticia que verá en la caja mágica, volver a buscar la manera de escapar de la realidad.

Camina rápido, con dudas, pero sin permitirse parecer insegura ante el mundo que la observa.

- Que nadie vea que soy una mentira - piensa. - Que el precio que he pagado por lo que ven es lo que más importa, lo que más vale. Y que cambiaría todo lo que tengo por el abrazo y la risa de los que amo, aquí, a mi lado.

Ojalá se le cumpla. Ojalá llegue el día. Pero sobre todo, ojalá tenga el valor de ser ella quien renuncie a lo que estorba, para quedarse con lo valioso de verdad.