Mostrando entradas con la etiqueta familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta familia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de julio de 2022

Ropero

- Má, ¿cuando vuelves por tus cosas?

Pregunta llorando Katrina Pepina, en un rinconcito de la recámara, a oscuras. 

Autos pasan por los charcos de julio. Televisión al fondo, caricaturas. Cachetina al volante.

La ilusa viene llegando de terapia, donde habla, le hablan, la soban, la levantan y la mandan a seguir.

Se agüita porque su sueño era correr a los brazos de Cachetina al finalizar el día, pero no quiere que la vean llorar. No sabe ni porque llora. Viene recién sobadita.

Mira desde el piso ese closet enorme, lleno de tiliches y baratijas, al que no le cabe una chamarra más, aunque Katrina Pepina piense que si. Escorbuto huye. Le cae gorda y no quiere gastar sus preciosas energías gimnásticas en semejante cosa llena de mocos.

Ella sólo puede pensar en que ya está cansada, ya no quiere estar cuidando las cosas de Má para ver cuando vuelve, mira que hacen mucho bulto. Cosas de Má, de sus Tatas, de Nosequién. Le asombra la gran durabilidad de las susodichas. La manera en que existen, más allá de la vida y la muerte, impasibles, indiferentes.

Llora porque no importa lo que haga, su sueño de dormir en brazos de Cache hoy no es. Porque sólo quería reír y abrazar a los que ama. Porque quería compartir su risa y su luz. Y en lugar de eso, escribe, aquí, así.

Debería ser valiente, debería salir y limpiarse los mocos y aventar ese ropero que la engaña con la idea de que Má un día volverá. Debería aferrarse a la vida y sonreír más allá de lo que hay o no hay. Pero le da miedo.

¿A qué puede temer ya? Nadie lo sabe. Ella no quiere saberlo. La chulada del derrumbe es el placer de los nuevos comienzos.

Se limpia las chatas - diría Má -, se sacude el ego, acaricia el ropero y va a los brazos de Cachetina, aunque sean dos minutos, con eso es. 

viernes, 19 de febrero de 2021

Año cinco

La dulce Cachetina cumplió cinco.

Escribe su nombre con la mano izquierda, aprende rápidamente letras de canciones y es medio ruda. Habla inglés fluido, su color favorito es el rosa, su pasatiempo la tableta y su juego el Among Us, Mamá no sabe qué es.

No usa mezclilla, siempre telas suaves. Su cabello al viento es su mejor accesorio. De color castaño claro cenizo, siempre a los hombros, brilla con la luz del sol. No sonríe para las fotos, saca la lengua o hace pucheros.

Katrina Pepina y Escorbuto quieren hacerle algo especial. 

Su cumpleaños fue el jueves, y no hubo pastel, sólo pollito asado y unos chocolates a granel. 

Ve a Mamá comprar platos, churritos y dulces. Ve a Papá limpiar el patio y hablar de mesas y refrescos. 

- ¿Qué sucede? ¿Tendré una fiesta? - pregunta muy emocionada.

— No, es la fiesta de otra niña. - contestan los tramposillos.

Su carita se agacha, su corazón se aflige. Ella deseaba una fiesta, un pastel, amigos y su cama elástica. 

— ¿Puedo ir? ¿La niña, querrá invitarme?

— No lo sabemos, necesitamos preguntarle.

— Pues yo pienso que sería feliz si yo llego a su fiesta.

Niña preciosa, inocente, dulce. Todo el mundo será feliz cuando llegue ella. Hace unos días, entre risa y risa, contaba a su mamá cómo le gustaría llegar a un lugar y que todos gritaran: ¡Feliz cumpleaños!
Así que quienes la aman, quieren hacerla feliz. 
En equipo y con mucho cariño, cada quién hace lo que puede para contribuir.

- ¿Qué cara pondrá? Ya queremos verla. Pero seguro valdrá todo el esfuerzo y el amor que hemos puesto en esto.

Feliz cumpleaños número cinco, cabecita de melón. 

jueves, 18 de febrero de 2021

Historia de un nacimiento

Hace cinco años, un día como hoy, una mujer de mejillas rosas, cabello largo y negro se encontraba en el hospital. Atada a una cánula, con la aguja chueca en el dorso de la mano, sin calzones y con un bata azul pardo sobre una camilla igual de parda, esperaba Katrina Pepina, llena de dolor y felicidad, el nacimiento de su primer hija.

Cachetina sería su nombre, niña greñuda de cabellos marrones y cara de puchero - se parece a su padre, dicen -.

Contracciones indecibles, estertores, llantos y gritos, acompañaron el memorable acontecimiento, que a pesar de ser breve, es inolvidable. Paredes verdes alrededor, mujeres multíparas con ira en los ojos y las nuevas, como ella, con caritas llenas de lágrimas y de incertidumbre. 

Parto inducido fue. Las contracciones no llegaban y el agua se derramaba. Oxígeno. Tacto. Oxitocina. 

Al fondo, entre dolor y dolor, 'nuestra canción' de Monsieur Periné, sonaba por la clínica. Benditos buenos gustos de los médicos aquellos. Esa era la señal divina que Katrina Pepina necesitaba para saber que todo estaría bien. Dios había puesto una de sus canciones favoritas en medio de todo y de la nada, para mostrarle cuánto las amaba. 

Una cuarenta y tres de la mañana, dieciocho de febrero de dos mil dieciséis. Siendo la última en sala de parto, pero superando las expectativas de los médicos de turno - entre cuchicheos se enteró después que apostaron que alumbraría a las siete de la mañana - nació nuestra niña.

Episiotomía indolora y sutura sin la misma suerte.

Llanto rápido, piel rojita. Tres kilos ciento cincuenta gramos y cincuenta y dos centímetros de dulzura y perfección. 
Mamá la conoció. La tuvo sobre su pecho y le cantó, una y otra vez, lo que ya en la pancita ella conocía.

Se veía una persona recién nacida, cargando a una pequeña bebé.

Cachetina es resiliente y profundamente fuerte. Así lo mostró desde que nació. No es de llorar, o de tener miedo. Enfrenta las cosas estoica, sin llorar, sin temer. Sólo espera. Y duerme, duerme con profunda paz, como el que sabe que las cosas sólo son y serán bien. 

Esta es la historia de cómo llegó al mundo, de cuán amada es desde entonces, de lo bello de sus ojos y su corazón. 

- Siempre la contaré para ti. Pero si un día no estoy, aquí está, para que no la olvides, niña mía. 

sábado, 18 de abril de 2020

Analogías

Existen personas muy especificas. Concisas.
Que aman la claridad y la sinceridad a toda costa. 
Que prefieren los acontecimientos puros, antes que cualquier tipo de invite a la imaginación. 

Katrina Pepina no es así. 

Ella vuela. Su mente vuela al viento. Oscila en el agua. Chisporrotea al calor del sol y luego se asienta como polvo viejo sobre la superficie correosa de la tierra. 

Va tratando de explicar sentires y sentimientos de las maneras más burdas. Imaginando hormigas y montañas de polvo. Las olas, sus mejores amigas. 

Ama las analogías. Los ejemplos inventados y las suposiciones. Apenas hoy, en un diálogo acalorado, explicaba a Escorbuto como para ella era expedito resolver al momento las situaciones:

-Para ti - decía -, el hablar de algo es hablarlo y quedarse a medias y todos de repente se van, y la cosa está olvidada. El asunto en cuestión se nos ha vuelto un cúmulo de tierra. Y tu vienes, lo esparces con la escoba y te conveces de que ya no existe. En cambio, para mi, el polvo desparramado ha hecho más escandaloso todo, porque el no haberlo recogido, dará pie a que se siga acumulando, hasta crecer más allá de lo permitido. Y entonces voy a tronar. Así que siéntate y limpiemos... 

Se imaginarán ustedes la cara de profundo hastío que profirió aquel. 

-Pero entendió. Es lo importante. 

Hoy es un día especial. Hoy, hace ya treinta y tres años, Má dejó de ser Yoli para convertirse en Má. Algunos dirán que fue Má desde la concepción, pero fue plena y horrorosamente consciente de ello hasta que vio la cabeza greñuda de Katrina Pepina sobre su pecho, enredada en una sabana de color rosa pastel. 

Katrina Pepina se dice feliz. Agradecida, al menos, por haber llegado hasta aquí. Puede comer, correr, reir, ver, cantar y oír. Ir al baño de manera independiente todavía, sentir el sol sobre su piel. Es precioso, es suficiente, es más que suficiente. 

Sin embargo, hay momentos, oscuros y dolorosos, en los que su interior grita. Clama, suplica ser escuchado. Muchas veces a través de estos textos. El día de hoy, en su cumpleaños, se siente así. 

Como un pájaro que armó su jaula por propia voluntad. 

Ella ama la libertad, las oportunidades, las personas, las nuevas experiencias, los vínculos. La variedad. 

Y hoy, anhela usar todas sus capacidades presentes para vivir. Pero está en la jaula. Es preciosa, adornada con cordeles de oro. Flores por doquier, una niña preciosa la ronda todo el tiempo cantándole melodías inéditas, un compañero que la resguarda incluso de si misma. Tomatito y agua fresca. 

Quiere romperse la madre. Quiere aventarse al vacío con las alas que ella misma cortó. Creer que todavía funcionan. Caer en el zoquete y dando de tumbos, reir a carcajadas porque finalmente, después de quince años y una vida, supo lo que era volar. 

Sabe que el día que se atreva, lo perderá todo. Para ganarse ella misma. Tiene miedo de no poderlo soportar. 

Así que hoy, en este día especial, le abrazo, le consuelo, le hago cosquillas y le limpio las lágrimas una vez más. 

-Feliz cumpleaños, niña con sueño. Y con un sueño. 



viernes, 20 de marzo de 2020

Personas

Personas.
Personas adultas.
Personas que aman, se entregan, que sienten.
Luego asustados, se van. Escapan.
Huyen de sentir, de querer, de decir la verdad.
Sustituyen.
Callan sus miedos entre piel y cuentos.
Lloran en secreto.
Llenan sus vacíos de otros. Los comen.
Y si eso significa madurar,
No quiero dejar de ser niño.
Nunca.

lunes, 9 de marzo de 2020

Caminatas y rencores

Ella te besaba, y tu pensabas como destruirla.
La estudiabas, estudiaste. Buscaste el momento preciso.
Flores, sueños, anillos, promesas. La llenaste de todo. Le entregaste tu vida a manos llenas. Derrochaste miel, agua, leche en su vida.
Y poco a poco, ella florecía.
El tiempo pasó. Tus tristezas y amarguras te hicieron olvidarte de todo. De ti, de ella, de ambos. Ibas por los cuartos como algo muerto, dormido.
Ella te abrazaba. Te llenaba de palabras. Te empujaba. Te cargaba a veces.
No lo notabas. Estabas ocupado sufriendo. Por ti, por ella, por todo lo que no existía, por lo que no llegaba.
Un día, se cansó. Eran dos pero sus fuerzas no bastaban.
Decidió alejarse un poco, pedir ayuda, buscar nuevas fuerzas.
Y se perdió.
Por rumbos nuevos, diferentes. No siempre buenos.
Iba cegada por lo que veía. Físicos perfectos, objetos caros, gente vacía. Parecían felices.
Quiso ser como ellos.
De vez en cuando, ella volvía. Quería levantarte.
Te hablaba, te gritaba, te empujaba. Te necesitaba.
Tú, al principio ni lo notabas. Ella era diferente. Su sonrisa era otra. Cada vez más falsa.
Su piel, más perfecta. Su voz, más actuada.
Y sufrías. Por ti. Por lo que no existía, por lo que no llegaba.
Y ella se volvía a ir.
Nunca quiso dejarte ahí. Tu no querías levantarte.
Se fue.
Al volver, sus ropas eran distintas. Lo notaste. Sus ojos, vacíos.
Ya no estaba segura de querer volver a ti, decía.
No porque lo que allá había fuera mejor, sino porque tú no mostrabas intenciones de seguir. Querías permanecer ahí, y mantenerla contigo.
Y lo decidiste.
La besaste con ternura.
La tomaste entre tus brazos.
La viste tan diferente.
Ella, ingenua, torpe y llena de errores, creyó que por fin seguirían caminando. Se regocijó como una niña.
Y de repente, le arrancaste las ropas.
La señalaste, la maldijiste por haberse ido.
La acusaste de fallarte. Rompiste lo que trajo en sus manos para ti.
Y sufrías. Sufrías por todo lo que allá lejos había vivido.
Te dolía, decías. Lo que allá experimentó.
Pero no quisiste ir.
No te culpa. Está en su corazón, en su sangre, ver, oler, vivir, soñar.
Ella quiso, quiere siempre, hacerlo contigo.
Pero no quisiste ir.

viernes, 4 de octubre de 2019

Nocturno II

¿Se puede tener terror
de aquél,
a quien se prometió amar
para siempre?
Aquella noche
descubrió que sí.
**************************
Lo que él no sabía,
es que cada lágrima
liberaba
espacio.
Éste, a su vez
se iba llenando,
de valor rubicundo
para dejarlo.
**************************
Y en sus brazos,
con la mirada al techo,
lágrimas por las mejillas
- perdones tras las orejas -
decidió.
Haría lo necesario,
para que nunca,
nadie
volviera a amenazarla con quitarle
el único motivo de su vida.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Intercambio

La vida adulta es complicada. Circulan memes a todas horas con respecto a lo costoso que es ser adulto. Lo cansado que se vive. Lo libre que deberías sentirte y mantras a las conciencias hambrientas de sentido.

Katrina Pepina, a sus treinta años, apenas anda empezando a probar esta vida. Sus ojos se abren a cosas que jamás veía. Tal vez algunas de veinte saben mucho más que ella de todo esto.

Observa la dinámica de las relaciones interpersonales, sentimentales, sociales. Las personas se involucran de todas maneras aún antes de conocer su nombre completo. Las palabras que determinan las muestras de afecto son vulgares, menospreciadas, y los acontecimientos, utilizados para la autosatisfacción. Al parecer a nadie le importan los vínculos espirituales y/o de salud que puedan presentarse, los nexos, los cruces. Se burlan de la privacía, se exhiben, jactándose de la cantidad de cuerpos que pueden tocarse con las mismas dos manos.

Las bromas acerca de la infidelidad y las satisfacciones que traen son abundantes. La cultura del 'ganado' y la no exclusividad ni física ni emocional, y mucho menos en otros ámbitos de la vida, son el pan de cada día.

Nuestra espectadora se siente estúpida. Observa todo, trata de entenderlo. Toma cariño por la gente y le da valor. Pero al parecer, los tiempos son otros. Eso ya no es útil. No importa. No vale. Y ese mundo tan vacío, hueco y complicado - actual, le llaman- está vedado para ella, gracias al Papá de Todos Nosotros, quien puso a Escorbuto y Cachetina como barrera de amor, de protección, de resguardo, a su alrededor.

Los podcasts de hoy en día hablan de autoprotección, de intercambios, de consensos, de negociación, del uso de los demás para la propia alimentación del ego. Le llaman sinceridad a admitir que sólo se pretende obtener del otro, lo que se desea, a cambio del precio pactado.

Mujeres y hombres buscan, entre broma y broma, quien satisfaga sus necesidades económicas a cambio del cuerpo mismo, de la integridad.

Katrina Pepina no quiere. Algo no le suena. No le cuadra. Es seductor, despierta su curiosidad. Pero le entristece profundamente. Le parecen mentiras disfrazadas de placer. Carencias tapadas con pedazos de piel. Enfermedades invisibles acumuladas y transmisión de estados emocionales adversos, destrucción espiritual.

Anticuada, le dicen por ahí.
Patética, mosca muerta, cobarde, inmadura.

-Digan lo que quieran, juzguenme, ignorenme. Acúsenme de vieja por buscar sinceridad en las personas, transparencia, cariño genuino, amistad sin pretensiones. Señalenme cómo idealista hipócrita. No importa. Prefiero, hasta hoy, conocer primero a las personas, antes que todo lo demás.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Un año, un día.

Nota: Ésta carta fue escrita el 19 de febrero de 2017.
Dulce hija mía: hoy hace un año y un día que nos conocimos.
Gracias por existir, es lo primero que viene a mi mente al pensar en qué decir. Te amamos profundamente y no hay tiempo más feliz que éste que hemos pasado junto a ti.
Quiero contarte cómo pasamos tu cumpleaños: despertaste y tu papi, tía y yo te cantamos las mañanitas. Nos miraste asombrada y tus ojos nos decían que no comprendías. Desayunaste un taco de requesón y frijolitos (tu comida favorita por estos días), mientras yo batía betún y papi compraba tu piñata y otras cosas.
Te pusimos un vestido con tutú, tus mallas rosas y un pequeño tocado verde. Te veías adorable.
Compramos pizza con el dinero de tu bote - una botella de plástico en la que durante un año depositamos monedas y billetes especialmente para tu cumpleaños-, y papá la recogió junto con tu pastel.
Fuimos a casa de abuelita.
Comimos y dormiste tu siesta. Al despertar, te cantamos las mañanitas todos juntos y soplaste tu velita. Partiste el pastel y abuelita te llenó la nariz de betún. Quiero que sepas que nada te hizo tan feliz como pegarle a tu piñata. Gritabas y sonreías.
Abriste tus regalos, una camiseta que tu tía Coco mando hacer para ti y un robot que mamá escogió y que al parecer no es tan emocionante como ella creía. Ya sabes subir las escaleras gateando y cada día estás más cerca de caminar.
Tus palabras de estos días son agua, leche, zapato, coco, gua gua.
Feliz cumpleaños vida mía. Feliz cumpleaños a mi por tener la fortuna de tenerte. Feliz primer cumpleaños de todos los de tu vida. Te amo.

sábado, 31 de agosto de 2019

Mutilante

Alguien, en alguna circunstancia, ¿ha tenido una extremidad adolorida y se ha dicho a sí mismo: maldito brazo que me sirve tanto y es tan parte de mi, pero me duele, voy a arrancarlo porque seguro si lo hago voy a estar mejor? ¿Y fantasea con ese momento en que no lo tiene y ahora no tiene ni idea de como cargar una caja pero cree que va a ser feliz cuando eso suceda?

¿Suena estúpido?

Ya leidito, escrito, tal pareciera que si.

Pero así anda día tras día Katrina Pepina.

Amenazando a su pierna, que lo unico que tiene de malo es ser una pierna y doler a ratos, y no querer jalar al mismo ritmo, y negarse a ser igual que la otra condenada con la que camina.

Pobre pierna. Escucha reclamos y gritos a diario.
Desde la ropa que viste hasta el agua que la nutre.

Pinche pierna. Es que hay días que medio se muere y no jala y pareciera que es mas fácil arrancarla a serrucho y pegarse un palo de escoba. Seguro sale más efectivo.

Quisiera decirle que no la arranque.

Pero si la pierna insiste en querer pensar con criterio propio, insiste en desobedecer, se niega a seguir el ritmo al que andamos, pretende crear su propio concepto de lo que debería o no hacer una pierna, entonces que nos pasen el serrucho, el machete, las tijeras.

Aunque en el intento muramos desangradas.

Vida perfecta

Katrina Pepina cambia.

Diariamente, súbitamente, cambia.

Se ve diferente. Sonríe diferente.

Hay personas que le dicen que se ve preciosa, brillante. Y luego la revisan bien y su mirada es triste, profunda, perdida.

Lo tiene todo.

Familia completa, un caniche bonito, casa, pelos largos, dientes derechos, trabajo seguro, vive de lo que ama, una niña profundamente brillante, agradabilidad a la vista, apoyo incondicional, mejor amiga cercana, cumplidos recurrentes, música preciosa, salud relativamente estable, ropa chiquita, confidentes confiables, hermanos exitosos y plenos, una pareja que la respeta y, a su modo, la ama.

A uno siempre le falta algo para ser feliz, por más que le insistan en que lo que hay debe ser suficiente.
Probablemente lo que a ella le falta, o cree que así es, es un cochecito para andar y el valor para manejarlo. Y obviamente, y más profunda que cualquier carencia, Má.

Son muy poquitas cosas las que siente que quisiera.

La ropa no llena, los gadgets sirven, pero no nutren tanto como quisiera; la comida llega hasta el cuello pero no abraza, aún así, el corazón. El mundo la ve. Pero sólo la ve, no la observa. Aprecian su aspecto, su sonrisa, la piel que se asoma, la juventud. No tiene paciencia para el caniche, no hay tiempo para hacer de la casa un hogar. Los pelos caen, sometidos al estrés diario de hacer lo que se ama para vivir pero no siempre con ganas y siempre, eso sí, con sueño. Ahora vive con el miedo constante de que los dientes se vuelvan a torcer. Con la incertidumbre de cuanto tiempo más, su cuerpo resistirá el cansancio antes de colapsar. Cuida a su hija, pero con la mente lejos. Se aferra a algo que posiblemente está por apagarse, para no volver a ser huérfana otra vez.

La terapia le recuerda constantemente que ya no es una niña. Que es una mujer relativamente libre que a esta edad debiera conocerse suficiente como para amarse y defenderse. Como si no fuera suficiente todo lo que le ronda en la cabeza.

Corre, literalmente. De todo y de todos. Con bromas se queja de la proximidad de los suyos pero en la soledad llora porque se cansó de ser su única compañía.

¿Cómo? Se pregunta. ¿Cómo hizo aquellos tiempos oscuros y tormentosos para ser feliz? Porqué a pesar de todo, los recuerda felices. Hospital tras hospital. Agujas y comida de la calle, siestas en el piso, hermanos solitos, lagrimas por montones.

Idealización del pasado, le dicen.
Cachetadas del presente.
Inconsistencia del futuro.

Una vez más, con vida casi perfecta, la gratitud se desvanece. Crecen las expectativas y el camino por delante se ve muy incierto. Terrorífico. Emocionante.

-Ahí voy, otra vez. ¿A dónde? No sé. Acompañenme, pero no se acerquen mucho, que me hostigan...

lunes, 18 de marzo de 2019

Strudel de manzana

Besos. Abrazos. Sonrisas. Empanadas de carne molida y Pepsi. De eso ha sido su día.

De pura familia, vida, amor y dulzura.

- ¿Quién dijo que no se podía? - pregunta retadora la de los cachetes adoloridos de que no le cabe la sonrisa.

Hoy, después de mucho tiempo - meses más o menos- Katrina Pepina es plenamente feliz. No le falta nada. No quiere nada. No necesita nada. Ellos lo son todo. Escorbuto y Cachetina, con sus ojos marrón claro, tan parecidos el uno al otro, la miran por la casa loca de felicidad como una vil cabra. Le abrazan, le miman, la regañan también.

Qué importa. Que digan misa. Que Cachetina corra por la casa llena de tierra en el cabello. Que Escorbuto reniegue porque le toca amasar y armar las empanadas. Qué le hace, - diría sabiamente abuelita - no pasa nada.

Sus gritos y sus risas llenan las habitaciones, calientan la casa de techos altos y corrientes de aire. Se ahuma la cocina.

El corazón de Katrina Pepina se ahuma también. Unas lagrimitas le asoman por los ojos, - si, también por esto chilla - está tan agradecida.

Ellos son las vitaminas de su vida. Son su jala y empuja. Su levántate que si costea. Pedazos de su propia vida con pies ajenos.

- Qué bendición, qué fortuna. - dice, mientras se receta un strudel de manzana y una taza calientita de cacao con los que ama.

sábado, 2 de marzo de 2019

De la soledad

Katrina Pepina tiene muchas ocupaciones.

La sociedad espera de ella que cumpla apropiadamente con los roles que, según la era, el feminismo, los movimientos telúricos y los vecinos, son la combinación perfecta para la felicidad.

Cada dia es mujer, madre, esposa a medias - por aquello de la distancia - , empleada, empresaria, mujer del hogar, vecina, la loca que viste raro, y algunas cosas más.

Entre todo eso, cuando la pequeña Cachetina no está - bien sabido es que es el amor de su vida y de su muerte y su otra vida - y el trabajo termina, después de horas incansables, de repente, con la casa toda tirada, aparece el silencio.

La soledad. La ausencia de presencia, decía la prota muy "sabiamente".

Pero, ¿que viene con ella?

La paz. La calma. La consciencia del yo. Del ahora. La melancolía. La verdad.

El uno a uno, que inexorablemente, nos confronta y nos escupe. La certeza de lo inefable de la vida.

¿ Quien soy? ¿Donde estoy? ¿ Porque aquí? ¿ Porqué yo? Se pregunta caminando por la calle con rumbo a la tienda.

En la soledad, se percibe lo breve de la existencia. Los miedos mas ocultos. La realidad escondida detrás de filtros, palabras elogiosas, sonidos estridentes, y vidas sintéticas.

Y se siente miedo. Se contempla el paso del tiempo, el que no juzga, pero no perdona.

Eso piensa Katrina Pepina mientras camina con una botella de lo que completó. Para, al llegar a casa, en sus silencios, acompañada de otra realidad completamente ficticia que verá en la caja mágica, volver a buscar la manera de escapar de la realidad.

Camina rápido, con dudas, pero sin permitirse parecer insegura ante el mundo que la observa.

- Que nadie vea que soy una mentira - piensa. - Que el precio que he pagado por lo que ven es lo que más importa, lo que más vale. Y que cambiaría todo lo que tengo por el abrazo y la risa de los que amo, aquí, a mi lado.

Ojalá se le cumpla. Ojalá llegue el día. Pero sobre todo, ojalá tenga el valor de ser ella quien renuncie a lo que estorba, para quedarse con lo valioso de verdad.

miércoles, 31 de enero de 2018

De amores y fechas

En el incesante andar de Cachetina por la vida - breve, pero sumamente productivo - nuestra pequeña felicidad con piececitos se ocupa de jugar, regañar a su papá, pintar, andar en triciclo - para ella bicicleta, como las niñas grandes - ver la televisión a ratos, leer y jugar con el agüita, entre muchas otras interesantes actividades. La acusan de brillante por contar hasta el dieciséis, saber los colores  y las letras a sus casi dos años de existir. Mamá la disfruta indeciblemente y de la manera más absoluta.

Hay días también en que la paciencia se les va a las dos de paseo y se miran una a la otra, cansadas, inquietas, anhelantes. A mamá le pasa más seguido. Después del trabajo, la limpieza, y la vida, se pone trompuda y se niega a continuar. Ustedes, mejor que mucha gente, lo sabe. Claramente es visto en este lugar.

Sin embargo, alicientes bonitos hay por todos lados. A veces invisibles, tenues, sutiles. En su contraparte, están aquellos que llegan como una cachetada: refrescantes, momentáneos, completamente satisfactorios. Esos que te sacuden y te estremecen, te hacen consciente de porqué sigues luchando.

Con uno de éstos segundos es como Cachetina ha despertado a mamá. Después del desayuno - batalla constante - inocentemente ha dicho y hecho lo más hermoso que se vió jamás:

- Mamá, te quiero - le dijo mientras le abrazaba con sus cortitas extremidades.

Un dieciséis de enero de 2018 pasó. Y Katrina Pepina despertó. Sus cargas se fueron, las fuerzas volvieron. El primero de muchos te quieros, sinceros y a voluntad.

- Lo mejor de mi vida - se oye decir en voz alta.

viernes, 23 de diciembre de 2016

A mi muerta

A casi un año de tu partida, te echo de menos más cada día.
Te busco en las luces, en los instantes. En el rostro de mi hija, en su carácter aguerrido. Te ato a mi como un lazo al dedo, tratando de no perderte, pero sin saberte cierta. El mundo dice que mientras tu memoria persevera en mi recuerdo, tú permaneces. Yo dudo siquiera si un día estuviste aquí.
Las evidencias abundan, los recuerdos se muestran, el entorno lo grita. Está tu ropa, tus caminos, tus historias, estoy yo. De tu existir ha llegado el mío, y ahora que no estás, no tengo ni por cierta mi propia vida. Sin ti me he convertido en un árbol sin raíces, en un desenlace sin planteamiento.
Busco, busco, te busco. Tu voz se me va un poco más cada día. Tus gestos me parecen tan difusos. Y en mis sueños sigues siendo tú, intacta, perfecta, precisa. Ellos me recuerdan lo que en vela de ti olvido.
Un cabello, un rasguño, un pedazo de papel, son para mí tesoros invaluables que conservo vehementemente. Señales como mandadas del más sublime de los reinos, que me hacen sonreír llena de ternura y de dolor.
Maldita la muerte que te arrancó de mi lado.
Maldita la agonía de tu enfermedad.
Maldito aquél que no escuchó tus ruegos.
Vida vacía sin ti.
Aquí seguiré, día tras día, buscándote. Perdiéndote. Hasta el momento en el que te encuentre de nuevo. Cuando la tierra me abrase y nos volvamos tú y yo parte de una sola condición.
Hasta entonces, te extraño.

domingo, 5 de junio de 2016

Dulces tres y medio.

Mi dulce Aria. Hoy tienes tres meses y medio.
¡Eres pequeñita pero muy lista! Tu tez es blanca como de leche dulce y tu cabello color chocolate. Al sol me parece un poco naranja. Tus ojos color verde olivo muy oscuros, son vivaces y pequeños. Eres adorable. Sonríes todo el tiempo y eres sumamente paciente con las actividades que cada día debo cumplir. A veces te amo, y otras te amo mucho más.
Hay momentos en los que te aferras a mi y te niegas a soltarme. Con tu rostro me dices que me amas y yo no puedo más que agradecer desde lo profundo de mi ser el tenerte conmigo. Así, dulce, vulnerable, pequeña.
Hoy domingo llegue por la mañana del trabajo y te encontré profundamente dormida al lado de tu papi. Ocupando media cama, muy cubierta de cobijas estabas tú. Lo único que quiero al llegar es verte, sentirte cerquita. Así que en el pequeño espacio que había me acomodé. Ahí, toda torcida, a tu lado, me quedé dormida también. Fui feliz.
Desde que llegaste tú soy feliz a cada rato. Lloro mucho también. A veces de nostalgia, de tristeza, de añoranza. Pero he aprendido a llorar de alegría, de amor inexplicable. Gracias por enseñármelo.
Dulce pedazo de mi vida, hasta otro día.

martes, 9 de febrero de 2016

Carta de embarazo a mi hija

Para Aria Yireh.

Mi pequeña niña, hace tanto tiempo ya que quería escribir esto. Que necesitaba decirte cuanto te amo al saberte cobijada en mi vientre y pequeña. Frágil. Han pasado muchas cosas en nuestra vida estos meses y las prisas y los miedos no me habían permitido sentarme en santa paz a hacer lo verdaderamente importante, escribirte esta carta para que puedas saber lo que se siente tenerte en la pancita mi pequeña muñeca. El día de hoy, tu papi esta preocupado porque me siento mas cansada que otras veces y tengo unos dolorcitos en mi espalda y en la parte baja de tu casita, mi vientre. Es muy probable que pronto vayas a nacer y por fin podamos tocar tu linda piel y ver tu pequeño cuerpecito en nuestros brazos. Así que papi me ha pedido que prepare ya las maletas tuya y mía para emprender el viaje a conocerte. La verdad no se por donde comenzar, no tenemos maleta tu y yo y solo quisiera echar a una bolsa toda la ropa que con tanto amor te lavaron tu abuela y tu tía Norma. Sé que cuando papi llegue me va a dar un sermón de lo desconsiderada que soy al no hacer lo que me ha pedido pero no quiero que un momento más pase sin escribir las primeras palabras que tengo para ti: Te amo. 

Te amo con todo mi corazón y todas mis fuerzas. Dios te ha formado dentro de mi gracias al amor que tu papi y yo nos tenemos y a los dulces besos que me dió un día. Desde que eramos novios te imaginábamos y soñábamos como serías, ¡era tan lindo imaginarte! Esperábamos que tuvieras lo mejor de cada uno, como la sonrisa de papi, mis ojos grandes, tanto cabello, los ojos de tus abuelos y bisabuelos. Eras un sueño en nuestro corazón y un anhelo para el futuro. Después, cuando nos casamos y supimos que vendrías todo fue ¡como un temblor! Yo estaba asustada y sorprendida, mientras que papá saltaba de alegría y aplaudía tan emocionado.

La primera vez que te vimos eras del tamaño de un frijol. y no sabíamos si serías un pequeño niño o una nena, por eso te llamamos así: el frijol. Yo vomitaba y tenía sueño todo el día. En el trabajo me quedaba dormida como un oso y tu papi no sabía que hacer o cómo ayudar. Todo este tiempo ha sido un héroe para nosotras. Es dulce y tierno. ¡Nos ha protegido y abrazado tantas veces! Disfruta mucho acostarse sobre mi panza y escuchar tu corazón. Se asombra cada vez que te mueves y que das de pataditas, te ha puesto música pero él a veces quiere que escuches rock y la verdad no le he dado permiso. Te habla, te llena de besos. De un tiempo para acá se pone triste porque cuando te habla o pone su mano sobre ti te quedas quietecita, pero yo sé que te pasa lo mismo que a mi con él, nos pone tan nerviosas y emocionadas que nos quedamos pasmadas sin saber que hacer.

Soy tan feliz de saberte conmigo, De poder tenerte aquí dentro y sentir tus movimientos y tus hipos. Tu entrenamiento para respirar. He aprendido a saber cuando estás cansada y también adolorida. Cuando estas dormida, cuando mueves tus manos y pies. Me costó mucho trabajo poder sentirte. Desde que tenías cuatro meses en mi panza yo quería sentirte, saber que estabas ahí y que estabas bien. Pero los tiempos de Dios no son los nuestros nena y fue hasta después de los seis meses cuando te sentí por primera vez. Fué un golpe pequeño, como palomitas tronando dentro. ¡Estaba tan feliz! Ahí fue cuando me dí cuenta de que en verdad llevaba una pequeña persona conmigo, que teníamos juntas dos corazones, cuatro ojos, manos y pies. Papi y yo íbamos a verte cada vez que podíamos y estábamos tan nerviosos porque queríamos saber que serías. Tus tías y tus abuelas nos acosaban con preguntas y también estaban desesperadas por saberlo. En cuanto dijimos que serías una niña todos se pusieron tan felices y empezaron a planificar sobre lo que te regalarían y los vestidos y moños que habríamos de ponerte. ¡Hasta el día de hoy haz recibido tantos regalos! Vestidos, zapatos, muchas calcetas, pañales y mucho de lo que necesitarás ahora que nazcas. En la medida de sus posibilidades nos han ayudado y somos muy bendecidos de tener a tanta gente que nos ama y que te espera llena de felicidad.

Antier oraron por nosotros tres, por ti, por papi y por mi. Para que fuéramos valientes y fuertes y que tu fueras sana y llena de bendiciones. Quiero decirte algunas de las cosas que dijeron de ti, para que cuando dudes acerca de quien eres o de si podrás hacer algo, te puedas dar cuenta de cómo aún desde antes de nacer Dios te bendijo de manera abundante y como declaró sobre tu vida bendición. Tú eres valiente, haz sido guardada de todos los peligros, las circunstancias y enfermedades en mi vientre, eres el consuelo para nuestro corazón, Eres alegría, creatividad, sonrisas y luz. Eres bella por dentro y por fuera, eres sana, eres hecha por y para Dios y su propósito perfecto, eres virtuosa, eres dulce, inteligente, sabia y una guerrera. Es un poco, pequeña hija, de lo que viene a mi memoria. Nunca lo olvides. Todo eso eres tú.

Cada día que te he tenido en la panza ha sido una montaña rusa. Ha sido una dura batalla que hemos librado juntas, el cansancio, la tristeza y el duelo me han perseguido sin descanso, pero Dios me ha dado la fuerza para no desfallecer al sentirte dentro de mi. Cuando estoy triste, tu te mueves y me recuerdas que estás aquí, me abrazas desde dentro. El ver los ultrasonidos y tu pequeña ropita me hacen sonreír, renovar mis fuerzas. Quiero que sepas que me he esforzado mucho por cuidarte. Por favor perdóname si no ha sido lo suficiente, si no te haz sentido tan feliz o fuerte como deberías. Siento que lo he sacrificado todo por estos días, pero Dios renovará mis ánimos y me dará más para darte a ti, mi pequeña niña. Mi más grande bendición. Compañerita de vida. Mi persona favorita.

Llegó tu papi y debemos ir a arreglar todo para emprender el viaje a verte mi muñeca. No importa lo que pase, donde estemos, o cuanto tiempo haya transcurrido, el amor y la alegría que sentimos por ti no cambia, ni cambiará. Este texto estará vigente y disponible para ti aún más allá del fin de nuestros días. Así, llenos de defectos e imperfecciones, te amamos con todas nuestras fuerzas.

Besos dulces.

Mamá.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Preludio navideño


Las carreras empiezan y la mercadotecnia se hace presente. Alrededor todo es brillo y luz. Unos cuantos compran anticipadamente. El resto - y el común - de los mortales adquieren todo en una marejada de gente, empujones, eternas filas y frío. Bastante frío.

Hay personas que comienzan a deprimirse y a externar las típicas quejas y lamentaciones. Las hay también aquellas que organizan preposada, posada, postposada y lo posible, todo con el afán de "convivir" con los demás. Las que se aúnan a las procesiones religiosas comunes de estas fechas cantando cada día en las puertas de la iglesia.

Pero la mayoría de nosotros somos una mezcla de todo lo anterior. De folclor, derroche, exceso y amor fraternal.

Katrina Pepina recuerda con cariño los ayeres de su familia. Cuando todos se reunían en casa de los abuelos. Los hombres en la sala, las mujeres en la cocina y el comedor, los niños corriendo de aquí para allá con luces de bengala y cerillitos. Los jóvenes sentados en la banqueta de la casa. Claro que no faltaba la paseada de los peregrinos por todo el patio, cantando puerta tras puerta con velas de colores, de esas que parecen caramelos. Después - y solo después según decía la abuela - se podía cenar.

Los platillos eran variados, la prima que año con año llevaba enchiladas rojas, la tía de la ensalada de piña y nuez, postre de limón, tamales, el pavo que no podía faltar, ponche, buñuelos, sopa fría. Seis o siete rondas en el comedor para que todos comieran. Voces, gritos, risas y las camas ocupadas por los más pequeños que cedieron al sueño.

-Yo recuerdo cuando Refus era chiquito y lloraba porque tenía hambre. Nadie le hacía caso. Hasta que llegó la hora de cenar y descubrieron al pavo sin una pierna, y al susodicho con la evidencia en la mano, jeje.

Eso fue hace años ya. Los abuelos se fueron, los tíos y tías se convirtieron en abuelos y ahora su descendencia se reúne en cada hogar. Todos son ya una rama firme y prolífera. La familia de Katrina Pepina, a pesar del tiempo, sigue siendo de cuatro. Y su casa es muy amplia, lo mismo que cuando estaban los abuelos.

Por eso a veces ella no puede evitar recordar ese pasado con añoranza. Por eso quisiera tener muchos hijos. O tal vez no. Sólo el tiempo lo dirá.

-Mientras, el maratón Guadalupe - Reyes del año 2012 ha comenzado. ¡Y chín chín el que no corra!

lunes, 5 de noviembre de 2012

Instantes


-Champi, deja de hacerte el dormido y levántate, hoy limpiaremos la casa y cocinaremos algo pasable, ándale.

El chucho se levanta molesto. Se toma su tiempo para darse la estiradita matutina, el bostezo maloliente. Y un día más está listo para lo que venga.
-¡Ay!¡Quién fuera tú Champiñón!- Comenta Caramelita -¡Qué padre bañarse sólo cada quince días!
-Déjate de chistes y vamonos niña.
Dejan a la niña en la entrada. Vuelven por un camino distinto cada día. Aunque no pueden darse el lujo de que sea tan distinto considerando que viven a cinco calles de la escuela.
Recorren el suelo húmedo, Champi corre por el césped y encuentra el tesoro del día. Un hueso más para la colección.
Katrina Pepina mira alrededor. Le encanta la sensación del sol tibio al amanecer. La brisa en la piel. El rocío que cristaliza las plantas y las hace aún mas bellas.
En esos momentos, son libres, son plenos.
Y llega la nostalgia. La tristeza de saberse temporal, la certeza de la continuidad del tiempo y la incertidumbre del futuro. El hambre del presente vuelve a la conciencia.
Regresan a casa, limpian, cocinan. El día es común, los quehaceres y las preocupaciones también.
Pero al menos ya fueron felices por hoy.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Las apariencias engañan

Katrina Pepina adora cocinar. Le divierte muchísimo estar frente a la estufa con un montón de cuchillos diferentes y una semana completa de mandado preparando la comida del día.

Hay personas que ven su batidero y compadecen a Má porque cuando nuestra susodicha cocina se desaparece casi toda la despensa, para una comidilla de sopa, papas con carne y frijoles.

La verdad le ha costado harto trabajo aprender eso del arte culinario. Se le han quemado varios pasteles, bastantes cazuelas de arroz se le han batido ya. Una vez trató de hacer comida china, le salió prieta, prieta; se veía feísima.(La comida, aclarando). Ya ni se diga
la sopa de cebolla que todos se negaban a consumir, la pasta en salsa de champiñones que mejor dicho parecia sopa con zoquete; y así innumerables platillos han sido desgraciados por Katrina Pepina.

Sin embargo, hay uno que es su favorito: pastel. Le encanta cocinar pasteles. De vainilla, de chocolate, multicolores...
Pero lo cierto es que aunque saben súper súper ricos, la decoracion no se le da como ella quisiera. El betún se aguadea, se le cae al pastel y queda una linda charola con embetunado, ¡ah! y un pastel bien gacho.

Definitivamente se le complica el tratar de dejar el pastel lisito, como en las pastelerías. La única vez que le ha salido maso (contracción de mas o menos), fué cuando en lugar de betún se compró una latota de cerezas, le puso al pastel encima una gelatina de esas con hoyo en medio y echó todas la cerezas en el agujero.

- Sí, sí. Se veía maso. Así ya no llevé la cazuela de la gelatina aparte. ¿Ahhh verdaaaad?

Hace días preparó una rosquita de pastel con nueces para la maestra de Caramelita en su onomástico. Le untó un montón de chantilly blanco, y el pastel parecía una donota glaseada. La verdad no se veía muy bien pero eso, según dice Má, no es lo que importa, sino el cariño y los buenos deseos por los que se hace. Los compañeros de Caramelita cantaron muy sabroso las mañanitas y la maestra le dió una buena mordida a su pastel. Todos se la despacharon y la verdad ¡estaba buenísima!

Así que la próxima vez que Katrina Pepina les invite a comer, no se asusten por la fealdad de los alimentos. Mejor cierren los ojitos y éntrenle.

- Necesitaría darles de comer a puros ciegos. Je, je.